Capítulo Nº13
—No… no es lo mejor que podrías hacer —Comenté mientras luchaba arduamente para mantener mis ojos abiertos.
— ¿Y que es lo mejor que podría hacer? ¿Quedarme de brazos cruzamos, mientras tu resfriado aumenta? Estas loca si crees que no haré nada al respecto —Se adelantó a decir, antes de que yo prosiguiera negándome a su ayuda.
—Justin, sabes muy bien que… pueden llegar a descubrirnos —Me quejé dejando que mis párpados se cerraran. Era inútil hacer un esfuerzo más.
—Es solo un doctor, no puede hacer mucho _________ —Mi cuerpo, a pesar de lo débil que estaba, dio un salto al sentir repentinamente las heladas manos de Justinsobre las mías.
Abrí mis ojos y ahí estaba, arrodillado frente a mí, con los ojos brillantes y expectantes, esperando alguna respuesta positiva de mi parte.
—Los doctores pueden hacer mucho —Argumenté sin sentido. Temía que Justin saliera vencedor del debate, mi estado provocaba un pobre uso de diccionario y no tenía las palabras adecuadas para rebatir.
—No, no pueden. ________, ya deja de ser testaruda y hazme caso de una vez por todas. —Su voz terminó por hacer eco en la habitación y a los segundos sentí sus labios en mi frente, depositando un cálido beso.
—Esperemos unos días más y… —Me acomodé para mirarlo a gusto— si el resfriado se mantiene igual, te prometo que yo misma llamo a un médico —Suspiré y cerré nuevamente los ojos.
No dijo nada. Al parecer prefería eso a que seguir insistiendo para nada.
Acarició mi cabello y me tomó, como una pluma, en brazos para llevarme de vuelta a la cama y abrigarme bajo las brazadas.
Cinco días pasaron exactamente y seguía en el mismo estado deplorable ¿Qué era lo que sucedía conmigo? Ya debía de estar de buena salud, cantando y saltando por el hermoso campo. Algo andaba mal.
Suspiré agotada de la fiebre admirando el hermoso día que se translucía a través del visillo limpio colgado en la ventana, parecía ser una burla.
— ¿Cuántos días mas quieres esperar, _______? —Una helada voz apareció en la habitación. Estaba molesto.
Giré mi cabeza con cuidado y fijé mis ojos débiles en los suyos enfadados.
— ¿Quieres esperar a que te pase algo realmente grave? ¿No es cierto? —Seguía hablando en el mismo tono frío, cruzado de brazos y piernas, apoyado en el umbral de la puerta.
—Justin… ya estoy mejor —Susurré. Mi garganta ardía.
—Que mentirosa eres… —Negó con la cabeza en desaprobación y desvió sus ojos de los míos para fijarlos, como punto final, en el suelo.
El silencio que nos rodeaba era tenso y no habían muchas opciones. Debía de aceptar la visita de un médico.
— ¿Sabes? —Interrumpió el silencio, con la misma voz seca y amarga que traía desde que se había levantado— ya no seguiré haciéndote caso, llamaré a un doctor ahora mismo —Suspiró con pesadez y caminó con paso firme hasta el teléfono que yacía quieto y polvoriento en un mueble antiguo.
— ¡Justin! —Gemí apretando los ojos. ¡No quería un médico!
—Ya basta ________ —Musitó sin importancia mientras marcaba un número— tienes suerte de tener un novio que conozca al mejor médico de Starnford.
Bufé con dificultad y me volteé en la cama. Aunque darle la espalda no le detendría, era una manera de hacerle saber que estaba enfadada con él.
— ¡Just! No me interesa que te enfades conmigo, preciosa —Que tramposo, a pesar de que lo decía con sarcasmo, sonaba totalmente sensual para mis oídos, aún más cuando agregaba la palabra “Preciosa” — Créeme que a mí, en estos momentos, me interesa que te mejores pronto y que luego salgamos a caminar, tomaditos de la mano y quien sabe por ahí si te doy una sorpresa, tu sabes —Sentía el tono travieso que empleaba y a decir verdad, le resultaba.
Me giré de un salto, sin pensar en la terrible molestia que causaban las sábanas y la ropa sobre mi piel.
— ¿Qué quieres decir con eso? —Arqueé una ceja al verlo con una sonrisa juguetona en los labios, mientras sostenía el teléfono en su oreja izquierda.
—No lo se, tu sabes —Me guiñó un ojo y suspiró.
Okay, me convenía que me curara pronto de este apestoso resfriado.
Sonreí y dejé que mi cuerpo debilitado, descansara tranquilo en el colchón. Carcajeó y supe que debí de haberle hecho entender que me rendía.
Las risas cesaron y entendí que habían atendido la llamada.
— ¿Doctor Hanks? —Preguntó y me dio la espalda— Habla con Justin Bieber… necesito una atención urgente, me gustaría saber cuando está usted disponible… ¿Esta misma tarde? —Maldición— ¡Perfecto!... si, si, como a las cuatro estaría bien… —Terminó por darle la dirección y unas muy afectuosas gracias.
Se volteó de un salto y colgó la llamada.
—Ya se, viene a las cuatro —Rodé mis ojos y suspiré abatida.
—Si, te recomendará algunos medicamentos y eso es todo. Soy un completo estúpido al haberte obedecido y no haber llamado antes —Carcajeó y golpeó suavemente su frente con su mano derecha.
—Es que tengo un gran poder sobre ti y las cosas se hacen como yo digo —Suspiré con una sonrisa en los labios.
—Quizás —Carcajeo y en segundos nos quedamos en silencio, mirándonos directamente a los ojos. Mordió su labio inferior y sonrió— creo que comienzo a desesperarme, extraño devorar tus labios —Musitó
Sonreí débil. Era cierto, desde que el resfriado había comenzado, habíamos quedado en no tener mucho contacto físico… después de todo, no queríamos terminar los dos resfriados, siendo dos personas inútiles en una cama.
—Creo que… necesito a ese médico ahora mismo —Carcajeé.
Rió y se acercó, midió mi temperatura y sin más remedio, terminó por posar una fría toalla húmeda en mi frente.
El reloj que colgaba en una de las paredes de la habitación, marcó la hora exacta en la que el médico dijo que se presentaría… y con una sorprendente puntualidad, unos cuantos golpes en la puerta principal, hicieron eco por toda la casa de madera.
—Debe ser él —Justin saltó de un golpe y sin más que decir, salió disparado de la habitación.
Mientras esperaba la aparición de mi novio junto al profesional, resé en todos los idiomas, rogando a que no fuese nada grave y no me viera obligada a regresar a la ciudad.
—_______, el doctor Hanks ya está aquí —Anunció la suave voz de Justin.
Abrí mis ojos y con lentitud me fui acomodando en el acolchado hasta quedar apoyada en el respaldo.
Ahí estaba. Un hombre alto y maceteado, de tez morena pálida y con una escasa barba blanca… al igual que su cabello.
—Buenos días —Musité seria. Su aspecto me daba escalofríos.
—Buenos días —Sonrió y dejó salir ese aspecto que todos los doctores ocultaban, ternura.
Tomó una silla y se acercó hasta sentarse a mi lado. Posó el maletín sobre la cama y sacó todo tipo de instrumento que necesitaría
Luego de una corta revisión, retiró el estetoscopio de sus oídos y los volvió a guardar en el maletín. De este mismo, sacó una cajita rectangular y la dejó en el velador junto a un gotario.
—Y… ¿Qué es lo que tiene? —Cuestionó Justin al notar que el trabajo del hombre ya había finalizado.
—Es solo un simple resfriado —Se puso de pie, mientras yo clavé mis ojos asesinos en los de Justin. ¡Había sido para nada! —Pero hicieron bien en llamarme, es un resfrío común, pero que debe ser tratado —Me sonrió victorioso. Okay, si tenía razón— este jarabe ira regulando su estado, en un par de días te recuperarás —Me sonrió con ánimo.
—Muchas gracias —Sonrió Justin estirándole una mano, la cual el doctor aceptó gustoso.
—Una duda —Musitó antes de retirarse de la habitación— ¿Dónde están sus padres? Por lo que veo, llevas con fiebre varios días… —Me miró con extrañeza y sentí latir a mi corazón con fuerza. Eso se llamaba nerviosismo
Capítulo Nº14
Miré a Justin con nerviosismo y tragué saliva esperando a que algo alumbrara en mi cabeza.
—Salieron… —Solté la primera palabra coherente que se me vino a la mente— salieron, ellos… se fueron de vacaciones por unos días —Era buena actriz, debía de hacerle creer con una simple sonrisa.
Aún así, después de haber parecido la chica más honesta del mundo, me miró desconfiado.
— ¿Salieron? Pareciera que no están seguros de aquello —Clavó una mirada acusadora en mí y por inercia temblé. ¿Por qué nos cuestionaba? Ese tipo de cosas no eran su incumbencia.
— ¿Cómo no podríamos estar seguros? Son nuestros padres… ¿Qué hay de extraño en que salgan de viaje en vacaciones de verano? —Tomé el valor necesario para enfrentarlo. Con eso debía de callarse.
Se quedó en silencio y giró sobre sus talones para mirar a Justin, quien se encontraba serio, seguramente ayudándome con el teatro.
—Si usted tiene desconfianza, podría llamarlos, no hay problema —Soltó tal como si estuviera molesto. No sabía que se traía entre manos, pero me sonó a Pattie.
Mantuvo el silencio, me miró una vez más y suspiró.
—No, no tienen para que llamarlos… —Se encogió de hombros y me sonrió amistoso— después de todo… están de vacaciones —Volvió a sonreír con inocencia. No se cual era la razón de que me causara tanta desconfianza.
—Cuídate Margareth y recuerda beber el jarabe dos veces al día, una en la mañana y otra en la noche. Son 15 gotas —Con la última sonrisa agitó una mano con lentitud y salió de la habitación.
Justin salió caminando detrás de él y apenas escuché la puerta principal abrirse, corrí hacia la ventana para observar que era lo que sucedía.
Los vi conversar y durante la corta charla el rostro de Justin se ponía cada vez más serio y frío. No era una buena señal… más terminaron por despedirte con un apretón de manos y sonrisas.
Justin se quedó de brazos cruzados en el portal de la casa, seguramente con la excusa de ver partir al médico, más yo estaba segura de que aprovechaba de refrescarse de la suave y tibia brisa que aparentaba estar en el día de hoy. Después de todo… la mayoría de los días se había quedado a mi lado atendiendo mi resfriado.
El doctor Hanks se subió a su lujoso auto negro y emprendió viaje por la ruta de arena seca que se hundía bajo los verdes árboles al frente de la casa.
Sin nada más, volví a la cama y aproveché de humedecer una vez más la toalla para dejarla reposar en mi frente ardiendo.
Los pasos de Justin se escuchaban pesados en la escalera y en segundos apareció en la habitación con el rostro marcado por la preocupación.
— ¿Sucede algo? Tienes una cara terrible —Carcajeé acomodándome en la cama.
—Y tú deberías tenerla también —Me miró afligido— tienes sospechas, _______.
Dejé los ánimos a un lado y esperé a que el silencio inundara la habitación.
—Lo se —Musité fría— ¿Te dijo algo más? Pensé que luego de nuestro teatro debería de habérselo tragado todo —Volví a sentarme en la cama, para así tomar un aspecto.
—También lo creí, pero… mencionó algo sobre nuestro escape, _______ —Sentí como vibraba su voz y mi corazón se detuvo ante el miedo.
— ¿Qué… que quieres decir con eso? —Susurré con la voz cortada. Sabía que algo no andaba bien.
—No lo dijo tan concretamente —Se sentó a los pies de la cama— pero quiso mencionar algo, sobre una pareja de Atlanta, alrededor de los 17 años, que se habría escapado, somos nosotros —Musitó serio y clavó sus ojos con los míos.
—Te dije que era una pésima idea llamarlo —Dejé que se me escapara ese tono enrabiado que pocas veces solía usar.
— ¡¿Y que querías que hiciera?! ¿Qué terminaras con algún problema grave? ¿Acaso no sabes que la fiebre es peligrosa incluso mortal? —Su tono de voz comenzaba a elevarse. Por cierto lado tenía la razón y yo por otro… también.
—Pero Justin —Me quejé con debilidad y sentí mis ojos empañarse sin sentido— Ahora nos vana describir… esto no tiene nada de bueno —Sollocé.
—Prefiero ir mil veces a la cárcel, antes de que te suceda algo —Me miró tal como si tuviera rencor, pero sabía muy bien que no era nada más que rabia y frustración.
— ¡No digas *******! —Grité. Si, grité— ¡Era solo un estúpido resfriado! ¡Nada grave podría haberme sucedido!
— ¡Claro que si! —Se puso de pie de un salto y me miró enojado— ¿Acaso no escuchaste al médico? ¡Podría haberse convertido en algo serio!
Esto era increíble. Nunca nos habíamos peleado y nunca estuvo en mis planes, ni mucho menos con gritos… ¡Ya ahora estábamos discutiendo por una estúpida razón!
—Ya cállate, tu no tienes idea —Gemí y dejé caer mi cuerpo en el colchón. Era mejor dormir y dejar que todo fluyera como debía de ser.
—Créeme que se mucho, ________ —El nivel de su voz había bajado, mas aún asi sentía su enojo correr en ella— iré por… —Suspiró— iré a tomar algo de aire afuera, si necesitas algo… solo golpea la ventana.
Un silencio frío y desolador se apoderó de la habitación y al segundo me di cuenta de que ya estaba sola.
Me quedé despierta todo el rato, analizando la situación en la que nos encontrábamos. Seguía pensando lo mismo “Las cosas no van por buen camino” y no hay nada mas que hacer… un completo extraño, que ya estaba al tanto sobre el escape de dos jóvenes, sabía nuestra localización y eso nos jugaba en contra. Ahora solo nos quedaba rogar que se quedara en silencio.
Me dediqué a mirar mi celular apagado, que descansaba en el velador. Cuantas llamadas perdidas debería de tener, cuantos mensajes y notas ahogadas, esperando a que de señales de vida, pero no… no iba a contestar, no iba a darles una esperanza. Todo esto era culpa de esas dos personas que me criaron en un mundo lleno de codicia y ambición, frías sin sentimientos y sin saber lo que era amar.
Limpié enseguida una lágrima que se deslizaba por mi nariz, era inútil llorar por un mundo tan frívolo como en el que vivía y a decir verdad, mes sentía completamente llena viviendo junto a Justin.
Estaba atestada y me sentía inútil. Los días pasaban y yo seguía con el cuerpo pegado a la cama, pero aún así… el remedio parecía causar efecto y mis ánimos y síntomas mejoraban notoriamente.
Era día jueves por la mañana y el sol brillaba con toda su intensidad. Mi cuerpo estaba inquieto bajo las sábanas, rogando salir de aquella habitación. Sensación la cual no había experimentado desde que la fiebre se había apoderado de mí.
Medí mi temperatura y al parecer se encontraba normal. ¡Genial!
De un salto, me puse de pie y busqué ropa en el placard. Sabía que tampoco podría andar desabrigada por la vida, así que un jeans y una polera de mangas tres cuartos estaría a la perfección.
Aproveché el hecho de que Justin estuviera regando las plantas del jardín delantero y corrí hacia el baño para darme una corta ducha. Sequé mi cabello y maquillé mi rostro, dejándolo despejado de cualquier síntoma de resfriado. Ya parecía como nueva, sin ojeras, sin la voz ronca y sin que mi cuerpo se quejara con cada roce de la ropa.
Corrí por las escaleras y salí con desesperación de la casa. ¡Aire! Por fin.
En silencio, caminé hacia mi novio y le di una gran sorpresa al abrazarlo por la espalda.
Como era de esperar, dio un salto y dejó caer la manguera entre las plantas.
— ¡_______! —Se volteó y sonrió entre un suspiro— ¿Qué hace usted aquí señorita? —Sonrió con los ojos brillantes.
— ¿Qué no ves? Me siento de maravilla el día de hoy —Rodeé su cuello con mis brazos y lo miré a los ojos. Habíamos dejado de hacer eso hace tiempo.
—Eso parece… luces espléndida —Sonrió posando sus cálidas manos en mi cintura.
—Dios… —Cerré mis ojos dejando que el suave y tibio viento tocara mi piel y me hiciera sentir viva nuevamente— extrañaba el aire limpio —Carcajeé y abrí mis ojos para encontrarme con los suyos.
—Y yo extrañaba poder verte tan animada como el día de hoy. El jarabe que te dieron es muy efectivo —Sonrió y besó mi mejilla.
— ¿Solo un beso en la mejilla y nada mas? Esperaba algo más apasionado —Enarqué una ceja y alejé mis brazos de él para poder cruzarlos sobre mi vientre.
Sonrió y tomó mi rostro entre sus manos. Con una lentitud impresionantemente tortuosa, acercó sus labios a los míos.
Se podría decir que me estremecí por completo al sentir la suave piel de sus labios hacer un mínimo contacto con los míos. Ese cosquilleo en mi vientre apareció nuevamente y me desesperé por completo, necesitaba sus dulces labios, ese jugo acaramelado que solía entregarme en cada beso, pero no, preferí permanecer quieta y esperar a que él terminara la tarea.
Suspiré sonoramente sobre sus labios y finalmente, los suyos hicieron presión en los míos con suma delicadeza y ternura.
Fueron creando un ritmo lento, calmado, apacible y hermoso en verdad.
Capítulo Nº15
—Tus labios saben más dulces que otras veces —Musité luego de habernos alejado unos centímetros, aún con los ojos cerrados y disfrutando del exquisito sabor que había dejado impreso en mis labios.
Escuché como carcajeaba levemente, mientras sus manos acariciaban con ternura mi piel bajo la remera blanca.
—Es porque lo extrañabas, solo eso —Depositó nuevamente un corto beso en mis labios y pronto alejó los suyos para chocarlos en mi frente.
—Como ya estoy mucho mejor —Me alejé de un salto, con una expresión risueña en el rostro— podríamos salir a caminar —Dije con entusiasmo.
—No lo se, no es… no es muy buena idea… aún —Me miró desconforme y yo fruncí el ceño ¿Qué era lo que sucedía ahora?
— ¿Qué no te das cuenta de que ya estoy bien? ¿O es que no lo entiendes? —Me crucé de brazos. Debía de dejar esa actitud, tarde o temprano le molestaría.
Antes de que dijera algo, suspiré y relajé mis expresiones, basta de ser tan orgullosa y testaruda.
—Disculpa, disculpa… —Abrí mis ojos y le sonreí— tengo que dejar a un lado mis actitudes —Volví a suspirar— entiendo. Creo saber por que no quieres que salgamos a caminar… vengo saliendo de un muy mal resfriado. Nos quedaremos en casa, no hay problema —No creí que pudiera haber sonado tan sincera, de hecho, estaba siéndolo.
Se quedó en silencio y mirándome con impresión. Debieron de sorprenderles mis palabras tan maduras, justamente era eso lo que quería que pensara de mí, que tuviera una idea de que podía ser muy madura y responsable.
—Me sorprendes —Sonrió, se cruzó de brazos y balanceó su cuerpo sobre sus pies.
—No quiero que creas que soy una malcriada, llevada a sus ideas —Era cierto. Quizás con mis actitudes pasadas, podría llegar a pensar que sería igual que toda la gente de mi entorno.
—Lo fuiste cuando estabas resfriada —Me reprochó, mientras que de a poco asomaba una sonrisa traviesa en sus labios.
—Lo se, pero no fue solo por el hecho de que odie a los médicos, temía que pasara lo que pasó con el doctor Hanks —Tragué saliva sonoramente, el solo hecho de imaginar que un día llegarían mis padres acompañados de una patrulla, todo por culpa de un médico, me erizaba la piel y a la vez arruinaba todo tipo de sueño a futuro que tenía en mente.
—Te entiendo. Descuida, tengo suerte, nada malo nos ocurrirá —Cruzó un brazo por mi espalda y de un leve empujoncito me invitó a caminar, lamentablemente, de regreso a la casa.
— ¿Cómo puedes estar tan seguro? —Arqueé una ceja y levanté mi rostro para mirarlo con dificultad, el sol pegaba fuerte y no daba ayuda a mis ojos.
—Mírame —Infló su pecho con orgullo… ¿Pero de qué? Seguía sin entender— Piénsalo, tengo a la mejor, más maravillosa y perfecta novia de este mundo ¿Acaso eso no es suerte? —Me miró con la mejor cara de triunfador.
Rodeé los ojos y choqué mi mano en mi frente. Muy tonto, pero tierno y adorable.
—No me habías dicho que tenías otra novia, Mr. Bieber… —Lo miré con molestia fingida— porque lo que es yo, soy una desgracia —A pesar de que me cargaba hacerme la víctima, aunque fuese solo para bromear, daba un buen resultado con Justin. Lograba ponerlo completamente dulce y cariñoso. No se imaginan cuanto.
Carcajeó y se alejó de mí. Antes de que riera ante mi cara de mosquita muerta, tomó de mis piernas y de un solo impulso me dejó colgando en su hombro derecho. Okay, ahora me tocaba fingir una pataleta, aunque… estaba disfrutando el panorama que Justin me había dejado. Mejor… para que simular enojo, se lo diría directamente.
—Si crees que voy a regañar o algo… —Como pude me agarré de su espalda al momento en que comenzó a caminar—…Ni lo creas, luces muy espectacular desde aquí atrás —Reí y elevé una mano para dejarla chocar en uno de sus glúteos.
— ¡________! —Se quejó entre risas— ¡Oye, eso no se vale! —Rió— ¡Ya verás! No creas que no tendrás venganza —Ahora si que necesitaba sujetarme bien. Había comenzado a correr y no era nada delicado.
Entró a la casa y de una fuerte patada terminó cerrando la puerta de un portazo.
¿Qué diablos se traía en mente?
Antes de que cuestionara sus acciones, me dejó caer bruscamente sobre el sillón largo de cuero negro.
Creerán que esa brutalidad era dolorosa y temible, al contrario, era lo más sensual y placentera que podía imaginar… Más aún cuando desde lo alto, dejó de sonreír y mordió su labio inferior tentativo, seguramente disfrutando de mi imagen en el sillón, con las manos descansando a cada lado de mi rostro, con la respiración agitada y dejando que la loma de mis pechos se asomara por el escote de la delgada polera de gasa.
Estaba ansioso y reconozco que sentía igual. Mis manos morían por sentir su piel, tocarlo una vez más.
Cerré mis ojos y suspiré. Creí que lo llamaría de una vez por todas y se arrojaría sobre mí… mas luego de ciertos segundos transcurridos no recibí respuesta alguna de su parte.
Iba a regañar antes de abrir mis ojos, más pensé que sería mejor idea saber que era lo que hacía.
Me tragué las palabras y abrí mis ojos ampliamente, tratando de simular mi asombro.
Sonrió de costado y siguió con la mirada fija en mí.
Sus manos siguieron su trabajo: Desabrochar el pantalón. Tortuosamente retiró el cinturón de escena y lo dejó caer al suelo. Creí que eso iba a ser todo, pero quise darme un tiro, al momento en que mi corazón quiso salir de mi pecho, cuando lo vi desabrochar el botón de su ojal y deslizar lentamente el cierre del pitillo negro hacia abajo.
—No te gustó aparecerte desnuda por la pieza la otra vez. Bueno, ahora es mi turno de jugar —Sonrió con maldad y se bajó los pantalones, dándome a observar lo bien que lucía con boxers blancos.
Mordí mi labio inferior. Era imposible, por más que lo rogara, quitar mis ojos de aquel punto.
Okay, el quería jugar y hacerme perder el aliento. ¡Vaya que lo estaba logrando! Pero no me quedaría recostada sin hacer nada. Me senté en el sillón y sonreí traviesa, tomé el inicio de mi polera y la quité en un dos por tres.
—Eso no era parte del plan —Se quejó sensual y se sentó a un lado, para tomarme por la cintura y hacerme sentar en su regazo.
Ya no quería esperar más, por lo que con desesperación tomé su rostro entre mis manos para atacar sus labios tan provocativamente acaramelados.
5 caps y la novela TERMINA !! Les gustaria que adaptara otra ?? PROMETO SUBIR CASI TODOS LOS DIAS! que dicen ??... : )
pd: PERDON POR NO HABER SUBIDO ANTES!!
Bye Bye..!!